miércoles, 1 de marzo de 2017

Risoterapia

EL PODER DE LA RISA

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Los seres humanos nacemos con la posibilidad de reír y de tener sentido del humor, y cuando somos niños reímos unas 300 veces al día; sin embargo, para no perder esta capacidad innata hay que ejercitarla a lo largo de la vida. La risa es contagiosa y está demostrado que reímos con mayor frecuencia cuando nos relacionamos con los demás. Eso significa que las personas que ríen más a menudo también suelen tener una vida social más intensa y mantienen un estrecho contacto con su familia y amigos. De esta forma, la sensación de bienestar tiene su origen tanto en la frecuencia con que se ríen, como en su relación con las personas de su entorno.
Así, todos hemos podido comprobar alguna vez cómo hemos mejorado de un malestar, físico o emocional, al divertirnos junto a un grupo de amigos, o cuando nos hemos distraído viendo una película o un programa de humor, que nos ha hecho olvidar el dolor que sentíamos.
También hay personas que afirman que se enamoraron de su pareja “porque las hacía reír”. Y es que hacer reír es todo un arte; de hecho, los actores suelen afirmar que es mucho más sencillo hacer llorar al público que arrancarle una carcajada.
El sentido del humor es una forma de percibir la realidad, y también una manera de expresarla. Nos permite experimentar felicidad, incluso cuando atravesamos circunstancias difíciles, porque hace que seamos capaces de relativizar los problemas, considerándolos como un trastorno pasajero y no como una catástrofe irreversible.

Numerosos estudios científicos han demostrado que el buen humor es beneficioso para la salud, porque contribuye a aumentar las defensas y a mejorar el sistema inmunológico, y facilita el equilibrio biológico y psicológico de las personas. Como proponían los Monty Python en ‘La vida de Brian’, "always look on the bright side of life", y es que una visión positiva de la vida ayuda a hacer frente a los problemas y, además, protege frente al estrés.

Adicción

¿QUÉ EFECTO TIENEN LAS DROGAS EN EL CEREBRO?
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¿Es posible tener adicción a internet o a las compras? 

Lo que entendemos por adicción es un aprendizaje con recompensa que se hace patológico y acaba por arruinar el proyecto de vida de la persona afectada y de quienes la rodean. En este proceso juegan un papel fundamental tanto la liberación de dopamina como nuestra memoria.

La dopamina es el neurotransmisor que procesa los estados de emoción positiva y que, por tanto, segregamos de manera natural ante el riesgo, la aventura o la curiosidad. Estas circunstancias provocan un placer innato, mayor o menor según cada temperamento. "Ante una situación placentera las neuronas del núcleo accumbens reciben dopamina, mientras la amígdala evalúa la recompensa prevista. El cerebro cuenta con mecanismos para controlar la liberación de esta sustancia y que permiten mantener un equilibrio para que no estemos ni eufóricos ni apáticos sin motivo",  explica la catedrática de bioquímica y biología molecular Natalia López Moratalla, de la Universidad de Navarra.

Precisamente la vía de acción de las drogas consiste en romper ese equilibrio de la dopamina, aumentando su concentración en el espacio de la sinapsis o prolongando el tiempo que permanece antes de ser capturada. 

En el caso de la cocaína, su consumo bloquea el recaptador de dopamina, de modo que ésta permanece más tiempo en el espacio entre sinapsis, prolongando el efecto placentero. La anfetamina, además, aumenta la cantidad de dopamina que se libera. La nicotina, en cambio, estimula de forma directa a las neuronas que la producen. Y en el caso del éxtasis, las neuronas quedan literalmente destruidas.

"Si el consumo de drogas se hace crónico, disminuyen los receptores de la dopamina, y permanecen en niveles bajos incluso un año después de dejarlas; así los efectos placenteros disminuyen de manera paulatina, creándose la necesidad de una mayor cantidad para conseguir el mismo efecto".

No obstante, la adicción no se desarrolla tras un primer consumo. Es un largo proceso de consolidación del aprendizaje en el que interviene la memoria: "Con el consumo crónico de droga, se modifica el proceso por el que se establecen las conexiones entre neuronas, pues el exceso de estimulación producido por la dopamina acelera el recuerdo a largo plazo. De manera paralela, el hipocampo establece la memoria emocional, esencial en la adicción", argumenta López Moratalla.

De hecho, en el inicio del consumo de drogas, o de los juegos de Internet, se aprenden de forma inconsciente las circunstancias ambientales, de modo que la recompensa se asocia a algo: un olor, un lugar. "Si volvemos a percibirlo, la dopamina promueve el recuerdo inconsciente asociado a la recompensa. En condiciones normales, seleccionaríamos la respuesta después de analizar los datos; sin embargo, cuando se ha producido la adicción el funcionamiento es diferente: se pierde el control sobre los circuitos del lóbulo frontal y se generan respuestas automáticas y compulsivas. Quienes sufren la adicción no deciden, sino que se encuentran obligados a consumir", alerta la investigadora.

La mayoría de las conductas adictivas comienzan en la adolescencia, cuando los sistemas de recompensa y memoria emocional no están ajustados: "Entonces, mientras el alcohol o las drogas producen efectos más intensos y una dependencia más rápida en las jóvenes, los hombres caen con mayor facilidad en los juegos de rol en Internet", explica la catedrática de la Universidad de Navarra.

Ante esta coyuntura López Moratalla subraya que la forma más efectiva de prevenir las adicciones son la educación, que abre horizontes, y las relaciones personales, que permiten un diálogo franco. 

El siguiente video, elaborado por López Moratalla y Carlos Bernars, es parte de la serie Los secretos de tu cerebro y recoge los últimos avances de las neurociencias acerca de su funcionamiento

Infidelidad Masculina

ELLOS ENGAÑAN PORQUE LA RUTINA LES MATA EL DESEO Y PORQUE NATURALMENTE ESTÁN HECHOS PARA NO ESTAR SOLO CON UNA MUJER.

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Cuando estamos en pareja, todos buscamos ser monógamos, pero muchas veces el deseo es más fuerte. Si bien la infidelidad es mal vista, es más común de lo que cualquiera pudiera pensar. Para los que han traicionado es muy complejo vivir con la culpa y aparece la pregunta típica ¿Por qué lo hice si en realidad amo a mi pareja?
Para responder a esa pregunta la Universidad de Bath, de Reino Unido, publicó el estudio “La infidelidad y la monogamia entre los hombres heterosexuales universitarios”, donde dio a conocer las razones para ser infiel.
Se entrevistó a 40 estudiantes con una pareja estable con la que llevaban más de tres meses., De ellos, 26 habían engañado a sus parejas de una u otra forma, pero ninguno quería que ellas supieran. Al responder por qué lo hacían, argumentaban que  era solo por cuestiones sexuales, pues el deseo hacia otras mujeres no había desaparecido.
El doctor y profesor Eric Anderson, autor del estudio y escritor del libro The Monogamy Gap - “La brecha de la monogamia”- cree que la monogamia no es algo natural y, aunque la mayoría de hombres y mujeres pueden convivir con ello durante mucho tiempo, lo que sustenta su existencia es un “deseo social”, no natural. “La naturaleza no ha diseñado a los hombres para ser monógamos. La cultura puede intentar ocultar esto, pero a la larga falla”.
Anderson, asegura que el hombre deja de sentirse satisfecho luego de los seis meses de relación ya que es ahí donde todo se vuelve rutinario y quiere tener sexo con otras mujeres. Aquí comienza la brecha entre lo que el hombre quiere moralmente, “producto de su condicionamiento social”, y lo que quiere somáticamente, “producto de sus deseos naturales”. “Esto provoca una tensión psicológica en el hombre y convierte el engaño en una solución razonable y racional”.
Después viene el sentimiento de culpa, seguido del miedo a ser descubiertos, pero según el autor, es lo único que les permite mantener la apariencia de que son decentes y morales.

Creo que las mujeres somos más racionales a la hora de pensar en ser infieles. No pensamos tanto con el cuerpo o el corazón, sino que mucho antes analizamos todo minuciosamente con la cabeza. Claramente eso no siempre funciona y caemos en la infidelidad, pero a diferencias de los hombres, cuando lo hacemos, la mayoría de las veces no es por una jugarreta de niñas. De hecho, una vez conversando con un amigo él me dijo algo muy sabio, “como hombres sabemos que cuando ellas con infieles es porque hay sentimientos involucrados y hasta pueden enamorarse, algo que en el caso de nosotros los hombres, la mayor parte de las veces no ocurre”. La verdad es que su pensamiento me quedó dando vueltas y creo que tiene mucho de cierto.

Neuroticismo


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Esa dimensión de la personalidad está formada por el neuroticismo, en uno de sus extremos, y la estabilidad emocional en el extremo opuesto. Como el resto de las dimensiones de personalidad, se trata de dos polos de un continuo donde la mayoría de las personas se sitúan en un punto intermedio.

Neuroticismo

Las personas con una elevada puntuación en neuroticismo (o inestabilidad emocional) son ansiosas, emocionalmente inestables, se preocupan con facilidad y están a menudo de mal humor o deprimidas. Suelen dormir mal y pueden tener trastornos psicosomáticos. A menudo reaccionan de forma irracional o rígida, debido a que se ven dominados por sus emociones.
Se sienten estresados con facilidad y experimentan a menudo emociones negativas, como ira, ansiedad, tristeza, culpa, vergüenza. Se trata de personas que toleran mal el estrés o los estímulos negativos de cualquier tipo, tienen más probabilidades de interpretar las situaciones neutras de la vida diaria como amenazante y las pequeñas frustraciones como obstáculos desesperantes.
Tienen reacciones emocionales fuertes y se ven afectados fácilmente por las experiencias negativas, costándoles trabajo volver de nuevo a un estado de equilibrio tras el suceso, de manera que sus reacciones emocionales negativas pueden persistir durante un largo periodo de tiempo. Es decir, les cuesta mucho olvidar y superar las cosas malas que les suceden. Esto hace que estén de mal humor o abatidos con frecuencia.
Es habitual en ellos preocuparse por todo aquello que puede salir mal, reaccionando con gran ansiedad ante estos pensamientos y preocupaciones.
Estos problemas para regular sus emociones pueden afectar a su capacidad para pensar con claridad, tomar decisiones y afrontar el estrés de manera efectiva.
Las personas altas en neuroticismo suelen ser también más tímidos, cohibidos y vergonzosos y tienen más probabilidades de tener trastornos como depresión o trastornos de ansiedad (fobias, trastorno de pánico, etc.)

Estabilidad emocional

Por el contrario, las personas en el extremo opuesto son aquellas con una alta estabilidad emocional. Se trata de personas cuyas reacciones emocionales son más suaves, no se ven afectadas con tanta facilidad por los sucesos negativos y los superan con más rapidez, de manera que suelen estar libres de emociones negativas la mayor parte del tiempo (aunque esto no significa necesariamente que experimenten más emociones positivas). Son calmados, estables y despreocupados y no se sienten tensos ni nerviosos con facilidad.
Tener un cierto grado de neuroticismo puede ayudar a una persona a rendir mejor debido a que es más sensible a los resultados negativos, mientras que una alta estabilidad emocional podría hacer que una persona fuese demasiado despreocupada y tranquila, faltándole el impulso necesario para realizar determinadas tareas.

Cuáles son las causas

El grado de neuroticismo de una persona tiene un fuerte componente biológico. Se piensa que las personas con alto neuroticismo tienen un sistema nervioso simpático más reactivo y son más sensibles a todo lo que sucede fuera o dentro de ellas.

Subdimensiones

El test NEO PI, utilizado para evaluar estas cinco grandes dimensiones de la personalidad, subdivide, a su vez, la dimensión Neuroticismo en 6 subdimensiones:
Ansiedad. Es la tendencia a sentir nerviosismo, preocupación, miedo o tensión.
Hostilidad. Tendencia a experimentar ira y estados relacionados, como frustración o amargura.
Depresión. Es la tendencia a experimentar sentimientos de tristeza, culpa, impotencia, soledad o abatimiento.
Ansiedad social. Es la tendencia a sentir ansiedad en situaciones sociales, vergüenza, timidez, sensación de ridículo o inferioridad.
Impulsividad. Hace referencia a los problemas para controlar los impulsos, refrenarse y posponer la gratificación.

Vulnerabilidad. Es la susceptibilidad general al estrés y la capacidad para afrontar las situaciones estresantes.